- La era de la globalización integrada está dando paso a un orden fragmentado de fortalezas comerciales lideradas por EE.UU., la UE y el bloque BRICS.
- El comercio se ha convertido en un arma geopolítica, donde los aranceles y el control de las cadenas de suministro se usan para ejercer presión y redefinir alianzas y soberanías.
- Para países como Chile, la neutralidad estratégica se vuelve insostenible, forzando decisiones críticas sobre su alineamiento en un mundo de lealtades económicas excluyentes.
El Fin de un Paradigma
Lo que estamos presenciando no es una simple disputa comercial, sino el desmantelamiento consciente de la arquitectura económica global construida durante las últimas cuatro décadas. La ofensiva arancelaria impulsada desde Washington representa una señal inequívoca: el paradigma de la globalización, basado en la eficiencia de las cadenas de valor y la liberalización de los mercados, ha sido reemplazado por una lógica de seguridad nacional, resiliencia industrial y confrontación geopolítica. Los eventos de los últimos meses —desde la negociación pragmática de la Unión Europea hasta la incertidumbre total en Chile por el arancel al cobre— no son incidentes aislados, sino los cimientos de un nuevo orden mundial.
Escenario 1: El Surgimiento de las Fortalezas Comerciales
El futuro del comercio global se perfila no como un campo de juego abierto, sino como un archipiélago de tres grandes fortalezas económicas, cada una con sus propias reglas, estándares y esferas de influencia.
- Fortaleza Americana: Estados Unidos está utilizando su poder de mercado para reconfigurar sus relaciones comerciales en un modelo de "hub-and-spoke". La imposición de un arancel universal del 10%, con tasas punitivas para sectores o países específicos (como el 50% al cobre chileno o a los productos brasileños), obliga a sus socios a negociar bilateralmente desde una posición de debilidad. Tratados como el T-MEC con México y Canadá pierden su carácter de marco regulatorio estable para convertirse en plataformas sujetas a la revisión unilateral de Washington, como demuestra la reciente "guerra del tomate". El objetivo es claro: repatriar industrias, asegurar cadenas de suministro críticas y financiar una política fiscal expansiva a través de las rentas aduaneras, a pesar de las advertencias de economistas sobre el creciente déficit fiscal y el riesgo para la hegemonía del dólar.
- Fortaleza Europea: La Unión Europea, tradicionalmente un pilar del multilateralismo, ha adoptado una postura de realismo estratégico. Su disposición a negociar el arancel del 10% a cambio de exenciones para sectores clave (farmacéutica, semiconductores, aeronáutica) es una táctica de mitigación de daños. A mediano plazo, esta presión acelerará la búsqueda de una "autonomía estratégica" europea. Esto podría traducirse en una mayor integración de su mercado único, la implementación de barreras no arancelarias (como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono) y una diversificación agresiva de sus socios comerciales para reducir su dependencia tanto de Estados Unidos como de China.
- Fortaleza BRICS+: La respuesta coordinada de Rusia y China a las amenazas de Trump evidencia una estrategia calculada. Al presentarse como defensores de la cooperación y el libre comercio, buscan posicionar al bloque BRICS como el polo alternativo a un Occidente proteccionista. La retórica de Washington, que castiga a los países por alinearse con políticas "antiestadounidenses", podría tener un efecto contraproducente, empujando a más naciones del Sur Global hacia la órbita de los BRICS. Este bloque no solo busca expandir su comercio interno, sino también construir una infraestructura financiera paralela (con monedas distintas al dólar) que lo aísle de las sanciones y presiones económicas de EE.UU.
Escenario 2: La Geopolítica de las Cadenas de Suministro y la Soberanía
La nueva guerra comercial va más allá de los aranceles. Su campo de batalla principal son las cadenas de suministro de tecnologías y recursos críticos. El cobre, vital para la transición energética y tecnológica, se convierte en un activo estratégico. El arancel del 50% impuesto a Chile no solo busca proteger a los productores estadounidenses, sino también enviar un mensaje geopolítico: el acceso al mercado de EE.UU. está condicionado a la lealtad política.
Para países como Chile, cuya política exterior se ha basado en la apertura y la neutralidad, este escenario es un punto de inflexión histórico. La incertidumbre que enfrenta el gobierno de Boric, operando "a ciegas" sin comunicación oficial de la Casa Blanca, revela la vulnerabilidad de las naciones medianas en este nuevo juego. La presión para elegir un bando —entre el bloque estadounidense y el chino— será cada vez más intensa, afectando no solo las exportaciones, sino también las inversiones en sectores estratégicos como el litio y la infraestructura digital.
La soberanía misma se redefine. Como muestra el caso de Brasil, la política arancelaria de Trump se utiliza explícitamente como una herramienta de intervención en la política interna, buscando favorecer a aliados ideológicos como Jair Bolsonaro. La respuesta del presidente Lula, apelando a la unidad nacional, ha logrado, paradójicamente, fortalecer su posición. Este fenómeno demuestra que el proteccionismo no solo fractura la economía global, sino que también polariza y reconfigura los debates políticos nacionales en todo el mundo.
Futuros Plausibles: Navegando en el Caos
El orden liberal de la posguerra fría ha terminado. Avanzamos hacia un futuro de globalización fragmentada, donde la resiliencia y la seguridad primarán sobre la eficiencia. Las empresas se verán forzadas a rediseñar sus cadenas de producción, duplicando infraestructuras para servir a diferentes bloques, lo que probablemente generará presiones inflacionarias a nivel global.
Para Chile y otras economías abiertas, los riesgos son la marginación económica y la pérdida de autonomía. La estrategia de diversificación de mercados, impulsada por los gremios exportadores, es una respuesta necesaria pero insuficiente si no se acompaña de una diplomacia ágil y una visión de Estado a largo plazo. La oportunidad latente reside en el valor de sus recursos estratégicos, pero capitalizarla requerirá una habilidad sin precedentes para negociar en múltiples frentes, forjar alianzas con otras potencias medias y, sobre todo, construir un consenso interno robusto para enfrentar las tormentas que se avecinan. El futuro ya no será un mar abierto de oportunidades comerciales, sino un tablero complejo donde cada movimiento tiene consecuencias geopolíticas directas.
La historia documenta un punto de inflexión en las relaciones económicas globales, marcando el posible fin de una era de libre comercio y el comienzo de una nueva fase de nacionalismo económico. Sus consecuencias, ya visibles en la reconfiguración de alianzas, la volatilidad de los mercados y las tensiones diplomáticas, ofrecen un caso de estudio fundamental sobre la fragilidad de los acuerdos internacionales y el futuro del poder en el siglo XXI. El tema permite analizar la evolución de una narrativa compleja, desde su origen como política interna hasta su impacto sistémico global, generando una profunda reflexión sobre la interdependencia y la soberanía en el mundo contemporáneo.