
Un incendio de proporciones devastadoras en Hong Kong ha dejado una marca imborrable en la memoria de sus habitantes y plantea preguntas incómodas sobre la seguridad urbana y la gestión de riesgos.
El 26 de noviembre de 2025, un incendio de nivel cinco, el máximo en la escala local, arrasó siete de los ocho bloques del complejo residencial Wang Fuk Court, ubicado en el distrito de Tai Po, al norte de Hong Kong. Con 31 pisos cada torre y cerca de 1.984 apartamentos, este conjunto alberga a unas 4.600 personas, muchas de ellas familias y adultos mayores.
Hasta la fecha, las autoridades han confirmado la muerte de 36 personas y reportan 279 desaparecidos, mientras que 29 siguen hospitalizados, siete en estado crítico. El fuego comenzó a las 14:51 hora local y se propagó con rapidez, facilitado por los andamios de bambú que cubrían los edificios en el marco de un proyecto de renovación valorado en 330 millones de dólares hongkoneses.
"La temperatura dentro de los edificios afectados es muy alta, dificultando las operaciones de rescate", explicó Derek Armstrong Chan, subdirector del cuerpo de bomberos local. Más de 800 bomberos y paramédicos, junto a 140 camiones, participaron en la ardua tarea de extinguir las llamas, apoyados por drones para evaluar zonas inaccesibles.
Por otro lado, residentes y concejales han denunciado irregularidades en la seguridad del complejo. "Las alarmas contra incendios no sonaron y los ascensores dejaron de funcionar, atrapando a muchos, especialmente a los ancianos", relató un vecino. Este relato pone en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de emergencia en edificios antiguos sometidos a reformas.
Hong Kong es uno de los pocos lugares donde todavía se utilizan andamios de bambú, técnica milenaria reconocida por su resistencia y flexibilidad. Sin embargo, el incendio ha reavivado el debate sobre su idoneidad en construcciones modernas y en obras en altura.
Según reportes oficiales, la oficina de desarrollo del gobierno había iniciado un proceso para eliminar paulatinamente estos andamios en favor de estructuras metálicas, más seguras, pero la transición ha sido lenta.
El gobierno local enfrenta críticas por la aparente falta de prevención y por la gestión de la emergencia. Algunos sectores políticos y sociales exigen investigación exhaustiva y reformas profundas en las normativas de seguridad urbana.
Mientras tanto, la comunidad afectada se organiza para exigir apoyo y justicia. "No queremos que esta tragedia se olvide ni que se repita", afirmó un representante de los residentes.
Este incendio es el más grave en Hong Kong en 17 años, superando incidentes previos con menor número de víctimas. La combinación de edificios antiguos, sistemas de seguridad obsoletos y materiales tradicionales en construcción ha expuesto grietas en la protección civil.
A largo plazo, la tragedia podría acelerar la modernización de normativas y tecnologías en la construcción y gestión de emergencias en Hong Kong y ciudades con desafíos similares.
Para los afectados, la pérdida es irreparable. Para la ciudad, un llamado urgente a repensar cómo se protege la vida en medio de la densidad urbana y la herencia arquitectónica.
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Fuentes consultadas: BBC News Mundo, Cooperativa.cl, El País, declaraciones oficiales del Ejecutivo de Hong Kong y testimonios de residentes.