
En el centro del escenario, dos familias chilenas enfrentan un desafío que pocos se atreven a asumir: adoptar niños con discapacidad. Alan y Currito, protagonistas de estas historias, no solo desmienten prejuicios, sino que evidencian cómo el amor y el apoyo institucional pueden transformar vidas.
Alan García, de 12 años, diagnosticado con espina bífida al nacer, fue adoptado por Gilda Gaete y Marcelo García, quienes no dudaron en asumir el compromiso pese a sus temores iniciales. En palabras de su madre, 'En un principio estábamos un poco asustados por el diagnóstico, pero hablamos con un amigo especialista y él nos dijo:
2025-11-26