
Entre finales de marzo y principios de abril de 2025, Chile central vivió un episodio que, a primera vista, podría parecer un simple cambio meteorológico: de temperaturas máximas que rozaban los 30 °C, la región pasó en cuestión de días a un sistema frontal que dejó lluvias y un marcado descenso térmico.El lunes 7 de abril, localidades como Los Ángeles, Chillán y Talca registraron máximas que alcanzaron los 29 °C, mientras que el miércoles 9 comenzó a avanzar un sistema frontal desde la Patagonia que trajo precipitaciones y bajó las temperaturas a menos de 18 °C en varias zonas. Este fenómeno no solo activó alarmas meteorológicas, sino que también puso en evidencia las complejidades que enfrenta Chile ante el cambio climático.
Desde la perspectiva científica, la Dirección Meteorológica de Chile confirmó que la interacción entre una dorsal cálida y la vaguada costera generó este vaivén térmico abrupto. Sin embargo, expertos en climatología advierten que estos eventos, antes considerados aislados, forman parte de un patrón creciente de inestabilidad atmosférica en la zona central.“Lo que estamos viendo es un reflejo palpable de la crisis climática que obliga a repensar nuestras estrategias de adaptación”, señaló la climatóloga María Fernández en un informe publicado por la Universidad de Chile.
En el terreno social y económico, el impacto se hizo sentir especialmente en el sector agrícola, donde los cultivos de primavera enfrentaron estrés hídrico seguido de lluvias inesperadas, afectando calendarios de siembra y cosecha. Agricultores de la Región del Biobío expresaron preocupación por la falta de previsión y la necesidad de sistemas de alerta más precisos.“Nos jugamos la temporada con estos cambios repentinos que no dan respiro ni para ajustar el riego ni para proteger las plantas”, comentó Juan Rojas, productor de berries en Chillán.
Políticamente, el episodio reavivó el debate sobre la gestión ambiental y la urgencia de políticas públicas robustas. Mientras sectores ambientalistas demandan una transición energética acelerada y mayor inversión en infraestructura resiliente, voces conservadoras advierten sobre los costos económicos y el impacto en la industria.“No podemos sacrificar la competitividad por alarmismos climáticos”, sostuvo un representante de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), en contraste con las demandas de organizaciones sociales que llaman a priorizar la sostenibilidad.
Además, la experiencia dejó una sensación de frustración en la ciudadanía, que se enfrenta a un flujo de información que muchas veces carece de contexto y profundidad. Este episodio demostró la necesidad de un relato que integre ciencia, política y realidad social para comprender las consecuencias reales y duraderas del cambio climático en Chile.
En conclusión, el abrupto tránsito del calor a las lluvias en Chile central no fue solo un fenómeno meteorológico pasajero, sino un espejo de las tensiones y desafíos que atraviesa el país. La verdad irrefutable es que estos eventos extremos se están volviendo parte de la nueva normalidad y que la capacidad de adaptación, la gobernanza y la conciencia social serán decisivas para enfrentar lo que viene. La pregunta que queda abierta es si Chile podrá convertir esta tragedia climática en una oportunidad para reinventarse.