
Un cambio demográfico y cultural que reconfigura la educación superior chilena
Entre 2013 y 2024, la matrícula de estudiantes mayores de 50 años en la educación superior chilena creció un 157%, según datos del Observatorio del Envejecimiento UC y Confuturo. Este fenómeno, que podría parecer anecdótico, revela una transformación profunda en la relación entre educación, trabajo y envejecimiento en el país.
El epicentro de este movimiento se encuentra en los institutos profesionales y centros de formación técnica (IP-CFT), que concentran el 42,3% de estas matrículas. En espacios como el IP-CFT Santo Tomás Santiago Centro, no es raro ver a estudiantes que comparten aulas con sus hijos y nietos, generando un crisol generacional que desafía las normas tradicionales del aprendizaje.
"Lo que estamos viendo es a adultos que buscan cumplir un sueño, mejorar su empleabilidad o simplemente aprender," explica Ricardo Lagos Sanhueza, rector del IP-CFT Santo Tomás Santiago Centro. Esta afirmación da cuenta de que la educación para adultos mayores no es solo una cuestión de formación técnica, sino un fenómeno social y emocional que toca fibras profundas en la identidad y autoestima.
Perspectivas en tensión: ¿Está la sociedad preparada?
En el debate público, las voces se dividen. Por un lado, sectores progresistas y académicos alaban este fenómeno como un avance hacia una sociedad más inclusiva y longeva, donde el aprendizaje a lo largo de la vida se convierte en un derecho y una necesidad. En contraste, algunos empleadores y sectores conservadores manifiestan incertidumbre o resistencia, cuestionando la capacidad del mercado laboral para integrar a estos nuevos perfiles y valorizar su experiencia junto con nuevas competencias.
"El mercado laboral debe aprender a valorar la experiencia de estos estudiantes junto con sus nuevas habilidades," señala Lagos Sanhueza, enfatizando que la transformación educativa requiere un cambio cultural paralelo en el mundo del trabajo.
Impacto regional y social: un fenómeno con matices
El aumento de alumnos post 50 no es homogéneo en Chile. Mientras en las grandes ciudades como Santiago el fenómeno es más visible y estructurado, en regiones la oferta educativa para adultos mayores enfrenta barreras logísticas y culturales que limitan su expansión. Además, la interacción intergeneracional en las aulas genera tanto oportunidades de enriquecimiento como tensiones, pues las diferencias en estilos de aprendizaje, expectativas y dinámicas sociales no siempre son fáciles de gestionar.
Verdades concluyentes y consecuencias visibles
Este fenómeno no es una moda pasajera ni un dato estadístico aislado. Es una manifestación clara de una sociedad que envejece y que reconoce la educación como herramienta fundamental para la inclusión y la calidad de vida. Sin embargo, también deja en evidencia desafíos estructurales: la necesidad de adaptar metodologías pedagógicas, la urgencia de políticas públicas que fomenten la integración laboral de estos estudiantes y la importancia de promover un diálogo intergeneracional que permita aprovechar el potencial de esta diversidad.
En definitiva, la educación post 50 chilena es una historia de transformación social en marcha, donde el sueño de aprender no tiene edad, pero que requiere del compromiso conjunto de instituciones, mercado y comunidad para no quedar en un anhelo inconcluso.
2025-11-12
2025-11-12